Francisco Criado compone una marcha basada en el Mil Albricias

Cuando se cumplen 150 años de la inspiración del Rosarillo, de esa experiencia espiritual que supuso el nacimiento de las Hijas de Jesús, se acaban de escribir desde Málaga los últimos acordes de una obra musical llamada a crear cuerpo y red: Camino. Camino nace, como no podía ser de otra manera, de otra inspiración, de otra experiencia espiritual, pero esta vez en nuestros días. Si nuestra raíz como laicos y familia Madre Cándida está en el Rosarillo, muchos de los ahora alumnos nuestros de Educación Infantil, crecerán escuchando estos acordes, aprenderán a cantarlos, y, más adelante, alguien les hablará de Andoain, de Tolosa, del Padre Herranz, del por qué de las fiestas del 31 de mayo en nuestros centros, de las raíces, de lo verdaderamente importante. Seguro que algún día, ya más mayores, alguien les cuenta que en el colegio Juan Nepomuceno de Sevilla, cada 31 de mayo la Virgen del Amor Hermoso sale a la calle a acercar a la muchedumbre y a Jesús. Y ellos atarán cabos y entenderán porqué se llama Amor Hermoso. Y así, como un círculo virtuoso, irán descubriendo el sentido de las cosas, el sentido de sus vidas. Francisco Javier Criado Jiménez, malagueño nacido en junio de 1992, es, ante todo, un cristiano comprometido y con una especial sensibilidad para el hecho musical. Los títulos son fruto del estudio, de las horas; pero saber captar el carisma centenario de una institución religiosa y plasmarlo en notas musicales, eso solo está al alcance de personas de fe, que saben ver a Dios más en las obras que en las palabras. Estudió composición en el Conservatorio Superior de Música de Málaga, así como Magisterio Musical en la Universidad homónima.
Francisco Criado, compositor, y Paloma Artola, antigua alumna de Gamarra.

Francisco Criado, compositor, y Paloma Artola, antigua alumna de Gamarra.

El pasado 5 de diciembre de 2018 Francisco quiso vivir la festividad colegial de la Inmaculada en Gamarra, el colegio de Málaga. Gracias a la ilusión de una antigua alumna de Gamarra, Paloma Artola, Francisco había asumido el reto de escribir una obra musical que nos representara a todos los que vivimos el carisma de la Madre Cándida, y para empezar, había que conocer las raíces. Luego, se sentó a componer con las resonancias de lo vivido. Camino tiene un punto de partida: el Mil Albricias. El amor y el sentido de pertenencia que Francisco vio en las caras de los niños aquella mañana cuando alzaron sus campanillas y comenzaron a entonar el himno centraron su obra desde el principio. Después, había que darle forma, pues puede haber múltiples variantes. De entrada se descartó la forma marcha como tal, estructurada en dos tema A y B; decantándose por una estructura en forma de A B A, siguiendo los esquemas de los grandes maestros de la música y también de composiciones como vals o nocturnos. Camino está compuesto por un tema A, que está en Do Mayor, y por el otro tema B (Mil Albricias), que tiene dos tonalidades Mi bemol Mayor y La bemol Mayor, para terminar volviendo al principio de la obra, el A, lo que le da unidad a la composición al terminar en la misma tonalidad con la que empezó, Do Mayor. Captura de pantalla 2019-04-18 a las 12.41.46 Al ser el Mil Albricias la base de la obra, el tema B, el resto de temas están condicionados de partida. Según el compositor, el Mil Albricias le transmite dos palabras: “calma” y “galante”, como los grandes himnos de la historia de la música, repletos de tonos graves. Partiendo de esto, la pregunta fue: ¿qué puedo construir para llegar al Mil Albricias y que tenga sentido? Para él, las piezas musicales de corta duración, como la que nos ocupa, deben contarte una historia, y dentro de esa historia hay un viaje, hay movimiento, hay acción. Eso se traduce en cambios de armonía, de ahí los cambios de tonalidad en la obra (do menor, Do Mayor, la menor, Mi bemol Mayor, etc). Eso es el movimiento, ése es el viaje. De ahí que, como se puede apreciar en el esquema de la obra, el principio (la intro y el tema A), traten de producir agitación, preparándonos para la calma que nos espera en el Mil Albricias, tema B. Ese contraste es la clave de la obra. Como se aprecia en el esquema, además de los temas A, B y vuelta a A, están las transiciones o puentes, que por definición en la música, son inestables. Esta inestabilidad hace que no sean partes principales, no son memorizables ni cantables, simplemente nos ayudan a estabilizarnos en lo que está a punto de llegar y le da sentido. Sin embargo no hay que quitarle importancia a estas transiciones, ya que son las partes más complicadas de las obras, donde ya no vale con armonizar, en este caso una melodía conocida (Mil Albricias), sino que nos adentran en lo desconocido, y nos llevan a un sitio; por lo que solo los buenos compositores son capaces de introducirnos en una transición sin que nos demos cuenta, y que ésta cobre sentido al terminar. Las transiciones hacen que la obra no sea una colección de ideas sin conexión, y son la base de la música occidental, de la música tonal, que nos lleva siempre a algún sitio, hay movimiento, en contraste con la música oriental, en esencia cíclica y repetitiva. Un himno centenario que se hace semilla, para sembrar amor a María y proclamar su pureza, en una nueva tonalidad. Aquí puedes ver el vídeo del estreno de la marcha. Nuestro agradecimiento a Paloma Artola y a las personas que, gracias a su generosidad, han hecho posible que esta creación musical sea una realidad.
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